domingo, 16 de junio de 2013

Las Grandes Crisis de una Vida Humana

Capítulo 18 del libro “La Astrología y la psique moderna”, de Dane Rudhyar (Ediciones Kier, Argentina)

Todos sabemos que un cuerpo humano, durante su curso biológico, atraviesa una pauta de modificaciones; crece, madura y pierde gradualmente su capacidad de reacción y su energía vital. Sus órganos, particularmente sus glándulas endocrinas, que producen importantísimas hormonas, sufren a veces procesos de reajuste; el equilibrio armónico y delicado de sus actividades se perturba, luego se restablece (si todo marcha bien) de modo diferente. Lo que llamamos adolescencia y el “cambio de la vida” son los períodos que con más frecuencia se mencionan de estos reajustes orgánicos y glandulares, pues repercuten muy evidentemente sobre la vida emotiva y la conducta de las personas que los atraviesan. En el desarrollo de un individuo hay otras crisis que, aunque se relacionen con partes menos notables del cuerpo, son no obstante de profunda importancia en el desarrollo del carácter. Al “carácter” se lo puede definir de varios modos. A los fines de este artículo, diré que el vocablo se refiere a la actitud de una persona hacia su yo (o individualidad) en relación con la palabra en general, particularmente en relación con las personas con las que está estrechamente asociada, por parentesco, amistad o camaradería laboral.

Permítame que se lo explique: lo que establece su carácter es lo que, en la parte más profunda de usted, siente que usted es como persona, como yo. Puede sentirse inferior o superior, frustrado o seguro de sí mismo, deprimido por su incapacidad para actuar exitosamente o alegre y dispuesto a conquistar el mundo. Puede creerse un individuo único y lleno de un sentido de misión y destino; por instinto, o quizá por miedo o inseguridad muy arraigada, tal vez procure consolarse asumiendo la actitud de un conformista. Tal vez quiera singularizarse por que hace, por lo que usa, por lo que las inusitadas respuestas de sus sentimientos son para las situaciones ordinarias y extraordinarias de la vida; o quizá tema destacarse, sienta timidez, odie la publicidad, se apoye mucho en la tradición.

Sólo menciono los opuestos más evidentes de las actitudes del carácter, pero hay variedades sin fin. Cada tipo de carácter representa no sólo un particular sentimiento interior de lo que usted es como un yo, sino también un modo de afrontar todas las relaciones humanas y los desafíos pequeños o grandes de la vida cotidiana. “Yo” y “relación” son los dos polos de toda acción humana; y en un mapa natal astrológico, estos dos polos del carácter, siempre interconectados y complementarios, son representados por el ascendente y el descendente, las cúspides de las casas primera y séptima, que son las reales secciones oriental y occidental del horizonte en la hora del nacimiento. Los signos y grados del zodíaco que allí se hallen y cuanto planeta o planetas se “eleven” o “fijen” son los principales índices astrológicos, respectivamente, de lo que el yo significa para usted, el nativo, y de cómo usted enfoca más característicamente todas las relaciones humanas.

Los dos períodos arriba mencionados de cambios orgánicos, adolescencia y el “cambio de la vida”, tienen un efecto profundo sobre el desarrollo del carácter. Sin embargo, las que considero que son las crisis fundamentales en este desarrollo no llegan a estas épocas, sino años más tarde. Más precisamente, lo notable es un género de pauta sinusoide de desarrollo que se basa en un ritmo de 7 y de 14 años. Las civilizaciones antiguas conocieron el ciclo de 7 años en la vida humana; hallamos referencias a él también en nuestra sociedad cristiano-europea. Los educadores jesuitas solían decir que si ellos se encargaran de un niño durante los primeros siete años de su vida, no importaría lo que ocurriera después. Al siete se lo consideraba la “edad de la razón”, después de la cual se suponía que el niño era “responsable”. Algunos ocultistas europeos afirmaron que, a esa edad, el “alma” entra por primera vez en la personalidad del niño y puede actuar desde dentro de ella. Los catorce años se consideran habitualmente –esto depende de la herencia social y del clima- como la época de la pubertad. A los veintiuno, un niño o una niña definidamente “llega  a la mayoría de edad”, es aceptado como ciudadano elector, puede firmar contratos comerciales, etc.

Luego llega el vigésimo-octavo cumpleaños; y es a este período al que quiero prestar especial atención. Solía decirse que el largo normal o teórico de una vida humana era de “tres veintenas y diez”; pero en la actualidad, en América del Norte, la expectativa de vida está superando los setenta. Significativamente, puesto que Urano fue descubierto en la alborada de la era industrial y democrática, ahora tenemos un nuevo arquetipo –una pauta teórica- para una vida humana, pues el ciclo de revolución de Urano alrededor del zodíaco es casi exactamente 84 años. Al viejo tipo de pauta humana de vida se le sumaron catorce años. Ochenta y cuatro es doce por siete; así, tenemos un “zodíaco” de doce períodos completos de siete años.

Este zodíaco de 12 períodos se subdivide muy significativamente en tres períodos de veintiocho años. Podríamos decir que esto es como si, desde este punto de vista uraniano, una persona que naciera en Aries, fuera de 28 en Leo, de 56 en Sagitario. Hace muchos años, en mi libro “New Mansions for New Men”, yo hablaba de estos tres períodos como los nacimientos primero, segundo y tercero, o sea, nacimiento como un organismo físico determinado por herencia de sus padres y que se desarrolla biológicamente, luego psíquicamente, dentro de un medio social y cultural particular que desde el comienzo mismo moldea sus actitudes emocionales e intelectuales; después renacimiento como un individuo, afirmando (si todo marcha bien) su yo de manera individualizada a fin de cumplir un destino más o menos único; por último, un posible reajuste final de esta individualidad por medio del cual se posibilita una participación más madura, más en sazón y más sabia en los asuntos sociales.

Esto significa que, en esta pauta evolutiva teórica de 84 años hay dos crisis fundamentales: hacia los 28 y los 56 años. Cualquiera fuera su sexo, o cualesquiera empiecen a ser su medio ambiente y su cuerpo al nacer, en su más o menos madura vida de adulto hay dos grandes crisis durante las cuales podrá reorientar y transformar su carácter y la naturaleza de su capacidad para las relaciones humanas. Usted podrá “verse” inherentemente; como resultado, podrá también encontrarse con los demás de un modo nuevo. Podrá hacer eso entre los 27 y los 30 años de edad; lo podrá hacer una vez más entre los 56 y los 60 años de edad. Por supuesto, es probable que el cambio sea gradual durante toda su vida, particularmente cada siete años. Empero, durante los dos períodos de edad que acabamos de mencionar, la posibilidad de una transformación muy básica de su carácter y su respuesta muy esencial a la gente y a la sociedad se recalca, por lo común, muy vigorosamente. A menudo, puede recalcarse la cuestión de una crisis radical, y “crisis”, etimológicamente hablando, significa un período de decisión.

La razón de que yo hable de períodos de años (27 a 30 y 56 a 60), es porque durante estos períodos tocan a su fin y empiezan de nuevo varios ciclos astrológicos importantes. Mediante la consideración de la naturaleza y del significado de estos ciclos, uno debería poder entender mejor el significado de estas dos grandes crisis. Los principales ciclos a considerar son:

  1. El ciclo de cerca de los 27 años y medio de la Luna progresada, al final del cual ésta regresa a su posición natal.
  2. El ciclo de Saturno, que insume casi 30 años para llevar al planeta a su posición natal;
  3. El ciclo progresado de lunación de alrededor de 30 años, al final del cual el Sol y la Luna están en la misma posición relativa entre sí (o sea, aspecto) que estaban al nacer.
Debe comprenderse también que Júpiter y Saturno están en un aspecto opuesto a (complementario, pues, hacia) su aspecto natal. Por ejemplo, si al nacer estuvieran en conjunción, hacia los 30 años deberán estar en oposición. Esto es significativo porque en la segunda gran crisis del desarrollo individual, estarán, hacia los 59 años, en la misma posición relativa que al nacer, y lo que es más, alrededor de los mismos lugares zodiacales. El gran ciclo de Júpiter-Saturno es realmente un ciclo de los 59 a 60 años, aunque los dos planetas se encuentran cada 20 años.

Existe una situación similar, pero que se conoce menos, con respecto a los nodos de la Luna, que constituyen un eje importantísimo de un mapa natal, casi tan significativo, psicológicamente hablando, como el horizonte o el meridiano natal. Por supuesto, los nodos norte y sur están siempre en oposición mutua, pues los nodos son los dos extremos de una línea que corta el zodíaco, una línea producida por la intersección del plano de la eclíptica (en realidad, la órbita de la Tierra) y del plano de la revolución de la Luna alrededor de nuestro globo. Este eje del nodo relaciona simbólicamente la senda anual íntegra del Sol en movimiento aparente y la senda mensual de la Luna, así los componentes solar y lunar de la personalidad total de una persona. El nodo norte es esencialmente un punto de recepción de energía, de ingestión y asimilación; el nodo sur, un punto de liberación y dejar correr, ya se trate de la excreción del material no asimilado o innecesario o la proyección seminal, y puede haber una simiente psico-mental (como en las obras de un gran artista o una figura profética), lo mismo que una simiente biológica.

Los nodos insumen entre 18 y 19 años para efectuar un ciclo completo del zodíaco. Este está más cerca de los 19 años, y este ciclo de 19 años fue muy venerado en la antigüedad, particularmente en Persia. Tres de estos ciclos de nodos dan un promedio de casi exactamente 56 años, un hecho interesantísimo. Así, cuando una persona está por los 28 años, las posiciones de los nodos de la Luna en el zodíaco se invierten en comparación con sus posiciones natales: ha tenido lugar un ciclo y medio. El nodo norte está en el lugar ocupado al nacer por el nodo sur y viceversa. Esto significa que entre los 20 y los 30 años ocurre una clara inversión en la relación entre Júpiter y Saturno, y de modo parecido con respecto a las posiciones de nodos de la Luna. Por el otro lado, la Luna progresada termina su ciclo completo. La relación Sol-Luna, por progresión, es similar a la que era al nacer; y Saturno regresó también a su lugar natal. Si interpretamos estas indicaciones cíclicas juntas, podemos ver si se adecuan a lo que, al menos teórica o potencialmente, le está ocurriendo a un ser humano desde la edad de 28 a 30 años. La Luna y Saturno representan esencialmente a los dos padres, o en un sentido más genérico y psicológico, el género de “imágenes” que una persona joven construye, dentro de su consciencia, de la madre  y del  padre. El padre real tal vez sea muy diferente de estas imágenes; pero las imágenes constituyen la realidad efectiva de la relación que se construyó a través de los años entre el niño o adolescente y sus padres. Esta relación llega habitualmente mucho más allá que los padres mismos; se expande y generaliza en una relación entre el joven y su religión o su comunidad (una “imagen materna” extendida) y entre la juventud y todos los símbolos de autoridad y legalidad (“imagen paterna”).

Desde los 28 a los 30 años termina un ciclo con respecto a todas estas relaciones. Termina el primer período de crecimiento del carácter y de la individualidad; empieza uno nuevo o, por lo menos, puede y normalmente debe empezar. El primer período, que empezó con el nacimiento físico y la necesidad de asimilar gradualmente algo de la cultura y de la herencia socio-religiosa del medio ambiente del niño. El joven tal vez se adecue fácilmente a este medio ambiente y a las tradiciones de su pueblo; o quizá, en mayor o menos medida, se rebele contra lo que se presentó o se forzó sobre su personalidad en crecimiento. En uno u otro caso, este conjunto biológico, social y cultural de influencias le ata, pues nos ata aquello contra lo cual nos rebelamos o a lo cual odiamos, en la misma medida que aquello que seguimos pasivamente o amamos.

El primer período de los 28-30 años es un género de tesis; y naturalmente le sigue una antítesis. Es decir, el joven que durante estos casi 30 años vivió realmente, le gustara o no, dominado por influencias colectivas arribó ahora a la gran crisis en que realmente podrá empezar a afirmar su verdadera individualidad, su destino único, su función particular, en el universo, su “vocación” creadora (hasta cierto grado). Sin embargo, no es del todo seguro que efectuara semejante afirmación de la yoidad individual. Tal vez viva meramente como uno de los muchos que siguen pasivamente las modalidades ancestrales, sin nada que los distinga o diferencie. Pero si afirma su individualidad, es porque obtuvo una nueva perspectiva sobre su tradición; y, en astrología, a esta obtención de la perspectiva la representa el aspecto de la oposición.

Se invierte la relación Júpiter-Saturno de su mapa natal. Júpiter y Saturno son los planetas que simbolizan todos los procesos sociales y la relación de la persona con las instituciones de su sociedad, su cultura y su religión. Esta inversión da al joven en maduración una visión más objetiva de las tradiciones de su pueblo. Hubo una inversión similar cuando tenía 14-15 años, o sea, durante o inmediatamente después de la crisis de la adolescencia. Pero a los 30 años, la rebeldía de la adolescencia debería haberse estabilizado más porque el Saturno en tránsito está ahora ubicado donde estaba al nacer. La persona de 30 años de edad toca fondo; una vez más puede punzar sus raíces, pero ahora este fortalecimiento saturniano podrá operar en un nuevo nivel. Debería añadir también que hay un ciclo Júpiter-Saturno de 14 años de duración que puede relacionarse con los cambios de la consciencia social que ocurren potencialmente cada 14 años, o sea, a los 28 años.

A los 28 años, los nodos de la Luna también se invirtieron. Casi podría decirse que las fuerzas solar y lunar cambiaron de sitio mutuamente. La vitalidad solar recibida durante todos estos años podría liberarse a través de los medios lunares, o sea, a través de la personalidad que enfrente creadoramente los problemas cotidianos del ajuste biológico. Existe una situación similar durante el año décimo y el año trigésimo-octavo. Estos testimonian a menudo giros importantes de la pauta del destino, aunque por supuesto, no lo hagan en vidas que son muy poco dúctiles a temprana edad y que, en consecuencia, son menos sensibles a las potencialidades de transformaciónLas potencialidades, más bien que los acontecimientos fatídicos, son lo que una carta natal revela.

El ciclo de nodos de los 9-10 años y de los 18-19 años establece también la pauta de los eclipses. De esta manera, si hubiera eclipses alrededor de las horas de nacimiento que afecten planetas o ángulos natales sensitivos, éstos recurrirán en las edades antes mencionadas; y los eclipses pueden ser factores muy estimulantes, aunque a menudo causen problemas y dilemas, particularmente los lunares, que ocurren cuando el Sol y la Luna están en oposición (tiempo de Luna Llena).

Hoy en día, a una persona frecuentemente se la considera de “mediana edad” a los 56 años. Lo que ocurre, al menos teóricamente, es que entre los 56 y los 60 años, uno decide (inconscientemente o conscientemente) si los años por delante serán años de realización creadora y de cosecha, o de gradual asentamiento en la inevitable esclerosis del cuerpo y en la pérdida de intensidad orgánica y de la energía de auto-renovación por parte de la mente. Tal como lo que ocurrió en la época de la pubertad, hacia los 14 años, dio pábulo a factores orgánicos y psicológicos que fijan la etapa para la característica crisis de la autoexpresión, desde los 28 a los 30 años, de igual modo, lo que tuvo lugar durante la mitad de los cuarenta años (normalmete, el comienzo del “cambio de la vida”,al menos en el nivel psicológico) condiciona en gran medida la manera en que el individuo (si realmente es un individuo) afrontará el desafío de los 56 a los 60 años de edad. Alrededor de los 59 años, tanto Júpiter como Saturno regresan a sus lugares natales – Saturno por segunda vez, Júpiter por quinta vez -.

A los 56 años, el ciclo de Júpiter a Urano toca a su fin por cuarta vez; y empieza un quinto ciclo, con la posibilidad de un cambio de actitud socio-religiosa. Al mismo tiempo, se completa el tercer ciclo de los nodos de la Luna y se inicia un cuarto, que indica una renovación potencial de la pauta del destino y la integración de la personalidad en un cuarto nivel (de los 56 a los 74 años y medio). La Luna progresada completó su segundo ciclo alrededor del mapa natal durante el año número 55, pero la relación natal Sol-Luna se repite por progresión (ciclo progresado de lunación) alrededor de los 59 años. Esta edad de 59 años parece ser relamente la crisis en la mayoría de los casos; pero lo que entonces llega a su clímax empezó a menudo a desarrollarse alrededor de los 56 años de edad. Para cuando comienzan los 60 años de edad, la nueva tendencia debería haberse definido con claridad. Para los restantes años de vida se ha fijado una nota clave, o por lo menos, para el período de 14 años que termina entre los 70 y 72 años, tras los cuales empieza lo que puede hoy considerarse normalmente como la “vejez”. Por supuesto, ésta empieza realmente a los 60 si el individuo no asume una actitud positiva hacia el cambio de vibración biológica y de oportunidades.

Tal actitud positiva puede tener gran variedad de significados y resultados, que serán mayores en número en la medida en que esa persona, que llegó a las 56-60 años, más haya vivido verdaderamente individualizada, o sea, una vida que no tenga por pauta una rutina regular que se asocie con el promedio de la sociedad, con la norma completamente colectiva e indiferenciada. En Grecia, los 60 años se consideraban la “edad de la filosofía” porque, en un sentido más profundo, filosofía implica una búsqueda del significado esencial y de los valores fundamentales. Si los primeros 30 años pueden verse como una “tesis” y los segundos treinta años como la “antítesis”, los años que siguen tras los 60 deberían dar testimonio de un esfuerzo de “síntesis”. Entonces, debería ser claro el pleno significado de la relación de la vida colectiva de su pueblo (tesis) con su propia individualidad autoafirmada (antítesis). Sobre la base de este significado, un individuo puede actuar más sabiamente, puede ayudar a los otros a que vean el rumbo que él tal vez perdió o auxiliarlos para que sean más eficientes y productivos -y serenos al tiempo que son eficientes y productivos-. En realidad, puede llegar a ser un “filósofo” o un “estadista mayor”, capaz de comprender el significado de acontecimientos confusos en el trasfondo tanto de su muerte inminente (perspectiva de Saturno) y la vida continua de su comunidad, nación y humanidad (perspectiva de Júpiter).

Los varios ciclos de planetas en tránsito y progresados que empiezan entre los 56 y los 60 años abren al individuo la posibilidad de un “tercer nacimiento”. Lo repito: el primer nacimiento es el comienzo de la existencia biológica, el nacimiento como cuerpo y personalidad basado en el ejercicio de funciones corporales y sus patentes tendencias de la psique. El “segundo nacimiento”, entre los 28 y los 30 años
Es el comienzo teórico de la madurez como persona individual, el nacimiento de la individualidad verdadera. El “tercer nacimiento”, si es que ocurre, es un nacimiento en la “luz”, en la sabiduría, en el nivel del alma superindividual en lo que los valores individuales –la raza y la persona individual- hallan su ajuste de destino. El individuo aporta a su comunidad la cosecha espiritual o cultural-social de su experiencia. Puede por ello recibir honor y fama relativa, o por lo menos algún grado de seguridad social. En otros casos, su pueblo o los dirigentes intelectuales de su sociedad tal vez no aprecien el valor de esta cosecha, y los postreros años de la vida sean años de creciente aislamiento saturnino.

Un estudio de los tránsitos y progresiones planetarios al comienzo de cada uno de estos ciclos, que empiezan a los 28-30 años y a los 56-60 años, debe decir el astrólogo – capaz de “sentir” el pulso de tales ciclos – lo que podría esperarse del desarrollo total del individuo durante los períodos de los 28 o 30 años que siguen, o sea, cuál es más probable que sea este desarrollo, en qué dirección avanzará y cuán fácil o escabroso será el sendero.

Por ejemplo,  a Franklin D. Roosevelt lo eligieron para el Senado de New York cuando estaba cerca de   cumplir los 29 años de edad. A la sazón, Saturno se desplazaba hacia atrás y hacia delante, por tránsito sobre su posición natal en 6°5’ de Tauro. Para esa época, Plutón atravesaba su Marte natal, retrógrado en 27°1’ de Géminis en su casa décima. Géminis gobierna el sistema nervioso; la casa décima, la vida pública. A los once años lo atacó la poliomielitis, y parte de su sistema nervioso quedó paralizado. Su vida pública se centró alrededor de la vasta crisis de una profunda depresión económica y más tarde en la Segunda Guerra Mundial, simbolizada muy exactamente por Plutón en conjunción con un Marte particularmente crucial y elevado. En 1941, cuando tenía 59 años de edad, Saturno y Júpiter llegaron a las mismas posiciones relativas que tenían en la carta natal de F.D. Roosevelt, tras repetidas conjunciones en Tauro. Al nacer, F.D. Roosevelt tenía  Saturno, Neptuno, Júpiter y Plutón en  Tauro; en 1940-41-42 no sólo hubo conjunciones de Júpiter y Saturno, sino también de Saturno y Urano. Las primeras ocurrieron alrededor de su Neptuno natal, las últimas, casi exactamente en su Plutón natal, unos seis meses después de Pearl Harbor, indicaciones ominosas pero promesas de responsabilidades mundiales.

Antes de esto, en 1930, cuando se inició la Segunda Guerra Mundial, él tenía 48 años, Neptuno cruzaba el ascendente probable de Roosevelt. Urano cruzaba su Neptuno natal y su Júpiter a través de 1938, cuando los nodos de la Luna regresaban a sus lugares natales, justo antes de que cumpliera 56 años (1938). Júpiter vitalizaba, en su quinta casa natal, su conjunción acuariana Venus-Sol; Venus en tránsito estaba también allí, una vez más en conjunción con el Sol, la Luna y Júpiter. Así, este período íntegro estaba marcado por tránsitos significativos y potentes. Estos bien podrían evocar algo del destino mundial que fue el suyo después que cumpliera 56 años y la posibilidad de un final trágico pero glorioso.

Lo que alcanzó un clímax a los 56-57 años con la Segunda Guerra Mundial había comenzado a los 28-29 años, cuando F.D. Roosevelt entró en la arena política como Senador por New York. En su caso, la crisis de la mitad de los cuarenta asumió un carácter particularmente trágico: su lucha contra la parálisis. Pero sobre la base de esa lucha, ganó verdadera fortaleza de carácter, la cual posibilitó que llevase adelante vigorosamente vastas responsabilidades. Cuando contrajo la poliomielitis, Saturno había estado en conjunción con el ascendente de F. D. Roosevelt. Precisamente, cuando estaba a punto de asumir la Presidencia, en 1933, Saturno se desplazó sobre su Venus-Sol natales.


domingo, 26 de mayo de 2013

La Misión del Alma (Nodos Lunares)


Fragmento del libro “La Misión de tu Alma”, de Evan St. Lifer y Linda Brady. Extraído de la segunda parte: Viaje a la misión de tu alma

DE LA PERSONA QUE ERES A LA PERSONA QUE QUIERES SER

Tener un conocimiento básico y práctico de nuestra alma y nuestra personalidad, y ser concientes de su voluntad dinámica espiritual, nos ayuda a alinearlas de tal modo que podamos experimentar la sensación de estar viviendo la misión de nuestra alma. Se accede a la personalidad mediante el intelecto, las sensaciones y los sentimientos. Al alma, en cambio, se accede mediante la intuición.

Dice Gary Zukav, en “El lugar del alma”: Cuando la personalidad está plenamente al servicio de la energía del alma, estamos ante una auténtica cesión de poder. Este es el objetivo del proceso de evolución y nuestra razón de ser. Cada experiencia que tenemos y tendremos en la Tierra fomenta la alineación de la personalidad con el alma.

Cuando nuestra alma y nuestra personalidad estén alineadas, podremos finalmente dedicarnos a nuestra misión del alma, la tarea de nuestra vida. Experimentaremos un nivel sin parangón de satisfacción y finalidad que desembocará en una paz interior esencial. En “El lugar del alma”, Zukav analiza la relación entre la personalidad y el alma: Cuando una personalidad alcanza su pleno equilibrio, no podemos ver dónde termina la personalidad y comienza el alma. Estamos ante un ser humano íntegro.

La misión del alma es siempre aquello que, según nosotros mismos, no podemos hacer. Es nuestro camino de crecimiento, la finalidad singular y distintiva que representa nuestra realización. La misión del alma se convierte en un viaje hacia nuestro potencial máximo para transformarnos en algo que nunca hemos sido; es algo diametralmente opuesto a nuestra zona de comodidad.

LOS NODOS LUNARES

El proceso de los nodos norte y sur es básico para aprender y vivir la misión del alma. Por medio de los nodos norte y sur salen a la luz palabras y símbolos que serán utilizados para salvar la distancia que media entre las vidas pasadas y la vida presente. No es necesario creer en la reencarnación ni en la existencia de vidas anteriores para beneficiarse de este proceso, pero si se cree que la vida tiene algún propósito y sentido, resultará más fácil captar el significado de este concepto.

Los nodos son puntos del cielo donde la Luna intercepta la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Los nodos norte y sur están, en consecuencia representados por dos signos del zodíaco que se oponen diametralmente entre sí en el cosmos. Si el nodo norte está en Cancer, el nodo sur estará en Capricornio, y así sucesivamente.

El nodo sur, al que denominaremos Pauta Anímica, encarna al tipo de persona que se es cuando se muestran los viejos y previsibles hábitos y comportamientos. Representa los pensamientos, sentimientos y creencias más familiares. Este nodo indica las vidas pasadas que se necesita recordar, las deudas kármicas que hay que pagar y las relaciones que apoyarán la propia visión. (Una deuda kármica es una cuestión sin resolver que arrastramos de una vida anterior). El nodo sur muestra nuestras “asignaturas pendientes”, problemas sin resolver que nos provocan frustración y sufrimiento en esta vida.

Martin Schulman, autor de la serie de libros titulada “Astrología Kármica”, describe la Pauta Anímica (el nodo sur) como:  […] simbólica del pasado del hombre. [El nodo sur] no simboliza una encarnación, sino [más bien] una combinación de los acontecimientos, ideas, actitudes y pensamientos de cada encarnación, cuyos efectos irresueltos acumulados han creado la vida actual. Para algunos el nodo sur puede ser limitador, mientras que para aquellos que tienen unos cimientos en el pasado sólidos y amplios, puede ser simplemente el factor que conduce la vida actual hacia su cumplimiento y su realización.

Hay que evolucionar, hay que dejar atrás los hábitos y tendencias confirmados por la Pauta Anímica para alcanzar las posibilidades señaladas por el nodo norte, al que denominaremos Potencial Anímico. En términos más sencillos, podríamos decir que la Pauta Anímica representa nuestro pasado, mientras que el Potencial Anímico es nuestro futuro, la misión del alma.

Cada uno de nosotros lleva ciertas tendencias y cuestiones específicas de una vida a la siguiente por la simple razón de que están sin resolver. Una vez aprendidas las lecciones que el alma necesita aprender, no tendremos por qué arrastrar ese “equipaje kármico” a la siguiente encarnación.  El Potencial Anímico ofrece un mapa de carreteras lleno de palabras y conceptos que ayudarán a comprender quiénes necesitamos ser para realizar la misión del alma. El Potencial Anímico podría definirse básicamente como “lo que más miedo nos da”, aquello que pone al descubierto sentimientos de inseguridad o miedo porque intenta introducirnos en un terreno nuevo y desconocido. Todos nos vemos atraídos hacia nuestro Potencial Anímico, tal como una mariposa nocturna se ve atraída hacia la luz, y sin embargo, al mismo tiempo, nos aterroriza acercarnos a él.

Una vez aceptado, el Potencial Anímico proporciona un camino claro hacia una vida de profundo gozo, llena de sentido y coherencia. Schulman define el Potencial Anímico (nodo norte) como:  […] el símbolo del futuro, una nueva experiencia aún no probada. Para la persona, este es el nuevo ciclo que anhela, y conlleva todas las aprensiones a lo desconocido y las experiencias nunca probadas. No obstante, esta posición nodal tiene un encanto magnético y extraño, pues empuja al alma hacia su futuro crecimiento. […] Simboliza el ámbito más elevado de expresión que alcanzaremos en la vida actual, y por lo tanto debe interpretarse como el conjunto de las cualidades superiores del signo y la casa en que está emplazado.

La mejor manera de comenzar a aprender cosas acerca del viaje del alma es conocer nuestra Pauta Anímica. Al igual que nuestro signo solar, el signo de nuestra Pauta Anímica está determinado por la fecha de nacimiento, y proporciona información relativa a nuestras vidas pasadas al tiempo que enseña cómo hemos manifestado en esta vida ciertas tendencias de nuestra vida anterior. Por el contrario, el Potencial Anímico representa la misión del alma y simboliza el futuro. Proporciona una comprensión consciente de aquellas cuestiones de nuestra vida que hasta ahora han permanecido latentes. Al enfrentarnos a algunas cuestiones vitales por medio de la Pauta Anímica, y eliminando los hábitos y comportamientos negativos que han impedido perseguir nuestros sueños y objetivos, podemos concentrarnos en el camino que conduce al Potencial Anímico, para así vivir la clase de vida que es el objetivo del alma.

POR QUÉ ES ESPIRITUALMENTE TERAPEUTICO ABANDONAR VIEJOS HABITOS

“Adquirir un hábito es empezar a dejar de ser”. Miguel de Unamuno

Nuestra alma se encuentra en un camino de crecimiento perpetuo. Por eso necesita que evolucionemos hacia un orden superior y aprendamos lecciones de un modo acumulativo, de una vida a la siguiente. Nuestra alma desea que vivamos nuevas experiencias. Permanecer estancados en una Pauta Anímica vieja y conocida nos impide evolucionar. Nuestras circunstancias vitales pueden parecernos familiares en este momento, pero nuestra Pauta Anímica finalmente nos sacará de ahí creando una experiencia desagradable o una sacudida en nuestra vida.

Cuando estamos satisfechos con las cosas tal como son, la mayoría de nosotros no hacemos cambios radicales en nuestra vida. Sólo cambiamos si tenemos que enfrentarnos a un problema, sobre todo si este problema nos lo hemos creado nosotros mismos por medio de nuestra Pauta Anímica. En algún momento de nuestra vida, nuestra alma nos dice “Ya es hora de que hagas algo diferente”. Pero abandonar nuestra Pauta Anímica por la misión de nuestra alma es, en el mejor de los casos, incómodo y, en el peor, sencillamente aterrador.

A diferencia de nuestra personalidad, el alma no juzga, no evalúa las experiencias clasificándolas como positivas o negativas: lo que le interesa es si son nuevas o viejas. El  alma quiere exponernos al descubrimiento, ofreciéndonos sin cesar nuevas experiencias y comprensiones intuitivas que nos conducirán hacia la próxima encarnación.

POR QUÉ NOS DA MIEDO EL CAMBIO

La principal razón por la cual tememos el cambio es que, conciente o inconcientemente, lo consideramos equivalente a la muerte. Nuestra mortalidad es la gran transformación, pero la mayoría la ve como un final más que como un nuevo comienzo.

Quienes tienen miedo al cambio suelen decir que se sienten como si hubieran perdido contacto con su centro espiritual; sin embargo, estar en contacto con nuestra energía espiritual forma parte del viaje de nuestra alma hacia el descubrimiento, el cambio y la novedad. Si no nos permitimos continuar este viaje, nos estancamos. Un viaje implica movimiento, y aquellos que se niegan a actuar viven paralizados por su miedo al cambio, por su temor a encontrarse en un territorio que les desconocido.

Para seguir a nuestro Potencial Anímico necesitamos confiar en nuestra alma, darle un voto de confianza. Muchos de nosotros, cuando éramos pequeños, tuvimos miedo antes de zambullirnos por primera vez en la piscina: hoy observamos ese mismo temos en nuestros hijos cuando comienzan a nadar. Esta misma aprensión nos impide aprovechar nuevas y prometedoras oportunidades comerciales, hacer cambios profesionales radicales o cultivar relaciones satisfactorias y llenas desentido. Nada podía reducir nuestro miedo a tirarnos de cabeza al agua salvo la primera zambullida real. Nuestro Potencial Anímico no es una cuestión de saber, sino de confiar en nuestra alma. Ella siempre tiene razón.

Tres razones por las que tememos o detestamos el cambio:
a)     La mayoría de nosotros lo equipara a la muerte.
b)     Nos enseñaron que es mejor dejar las cosas como están.
c)     No es un proceso lógico, sino emocional.

LA PAUTA ANÍMICA: VIEJAS PREDILECCIONES

Cuatro cosas que debemos saber sobre la Pauta Anímica:

  1. Proporciona el punto de partida espiritual y dice dónde hemos estado y qué hemos sido antes, alertando sobre nuestras tendencias perjudiciales.
  2. Identifica lo que para nosotros es seguro, previsible y familiar.
  3. Si no somos concientes de nuestra Pauta Anímica, tenderemos a crear relaciones conflictivas basadas en ella.
  4. Si no analizamos nuestra Pauta Anímica, en algún momento emergerá en forma de una seria crisis.
EL POTENCIAL ANÍMICO: LO QUE PODEMOS LLEGAR A SER 

Cuatro cosas que debemos saber sobre el Potencial Anímico:

  1. En un plano espiritual, el Potencial Anímico representa la luz al final del túnel.
  2. Proporciona información acerca del tipo de energía, las características y los rasgos que nuestra alma quiere que pongamos de manifiesto.
  3. Representa una “expansión” de la ambición, pues nos incita a hacer cosas que normalmente no nos hacen sentir cómodos o seguros, pero que nos brindarán satisfacción una vez que logremos superar la ansiedad y “dar el salto”.
  4. El Potencial Anímico no es un objetivo  a alcanzar, un producto final estático, sino el viaje que el alma desea que emprendamos, un proceso dinámico constante.
Cuando nos enfrentamos a factores desconocidos – por ejemplo, cómo realizar la misión de nuestra alma- todos nos planteamos una serie de preguntas prácticas, a saber: ¿Cómo reorganizar mi vida para hacer lo que no he hecho hasta ahora? ¿Cómo establecer prioridades? ¿Qué compromisos concretos tendré que hacer para llevar mi proyecto a buen término? ¿A qué ámbitos debería aplicar los reiterados esfuerzos para hacer realidad la misión de mi alma? ¿Qué responsabilidades tengo que asumir para realizar mi Potencial Anímico?   Las respuestas a todas estas preguntas podrán ser halladas en el signo del zodíaco en que está emplazado Saturno.


sábado, 18 de mayo de 2013

Educación en una Escuela de Sabiduría


Fragmento del Capítulo 1 del libro ““Guía de asesoramiento astrológico” (Astrología y Psicoterapia), del Dr. Bernard Rosenblum (médico psiquiatra y astrólogo, New York). Ediciones Kier, Argentina.

En realidad, cuando un cliente está “dispuesto”, sale en busca de un astrólogo calificado, eso señala buena disposición a educarse con las enseñanzas  de una psicología arquetípica, con una “escuela de la sabiduría”, por decirlo así. El cliente – que ahora podríamos denominar mejor como “el estudiante” – se sensibiliza ante la naturaleza de las fuerzas y los principios universales y cómo se manifiestan en su psique y en su vida.

¿En qué sitio de nuestra cultura, de nuestras Universidades, o de nuestras psicoterapias, se nos enseña – como ocurre en la astrología – sobre las dolorosas, pero necesarias, experiencias de crecimiento simbolizadas por el planeta Saturno, al igual que sus útiles funciones de enfoque y concentración? ¿En qué otro sitio aprendemos sobre la contrastante energía del planeta Júpiter, con sus ofrecimientos de comodidad, abundancia, entusiasmo y aventura, así como el hecho de que hasta esta energía expansiva puede ser perjudicial si no se equilibra con el resto de nuestras necesidades? ¿Y en qué otro sitio aprendemos sobre los diferentes tipos de transformación expresados por Urano, Neptuno y Plutón? ¿O que todos tenemos las mismas cualidades, necesidades y oportunidades esenciales (simbolizadas por las casas y los signos) pero con diferentes énfasis y pautas, y que una de las tareas de nuestra vida es la de equilibrar y armonizar estas energías, aunque a veces sean polos opuestos?

El hecho de que aprendamos sobre la significación de los planetas, signos, casas, aspectos y ciclos nos enseña acerca de la naturaleza de la condición humana. La astrología tiene en cuenta la variedad de temperamentos individuales dentro de la ley universal como ningún otro sistema lo hace. Los diferentes esquemas de la psique, como los describieran Freud, Jung y Reich, son potentes y válidos; los astrólogos deberían entenderlos cabalmente para ampliar su vision y su trabajo, especialmente respecto de la represión, del inconsciente y de la liberación de fuerzas inconscientes. Lo que el horóscopo procura, y los grandes maestros en psicología no, es un cuadro inmediato e integral de las pautas y texturas de la personalidad individual y, a través de ello, una visión equilibrada y a largo plazo de cómo trabajar con ese individuo.

Como cualquier otro instrumento para el adelanto del desarrollo psicológico y espiritual de las personas  - incluída la psicoterapia -, la astrología carece, a veces, de una óptima eficacia.

Las razones del fracaso actual de la astrología en manifestarse en un nivel coherentemente alto son muchas, y algunas de ellas no son bien comprendidas:

  • En nuestra cultura no se aprecia seriamente la importancia de los conceptos astrológicos, lo cual llega incluso a afectar a muchas personas que precisamente buscan una guía en la astrología.
  • Muchos astrólogos están, en la actualidad, insuficientemente instruídos sobre los procedimientos y técnicas puramente astrólogicos que usan en su trabajo.
  • Los astrólogos, en su mayoría, tienen poca o ninguna instrucción sobre los conceptos y las técnicas de consejo, y escaso conocimiento de algunas teorías básicas de la psicoterapia.
  • Los problemas emocionales y psicológicos no resueltos por parte del astrólogo inhiben a veces su eficacia en su relación con el cliente.
  • Sean o no conscientes de ello, los clientes abrigan a menudo temor y falta de aptitud para examinar sinceramente el significado de lo que un astrólogo competente está describiendo realmente.
Lo irónico es que parecidas dificultades se experimentan en el mundo de la psicoterapia, salvo que los psicoterapeutas y su labor reciben más alta consideración en nuestro mundo actual, en el que la medicina y la ciencia estadística reinan supremas.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Establecer marcos de referencia más amplios para las cartas individuales

Fragmento del libro "La Práctica de la Astrología", de Dane Rudhyar

Ningún individuo existe en el vacío. Está relacionado con otros individuos, con grupos de diversas clases, con grandes colectividades de hombres organizados en sociedades, naciones, agrupaciones culturales y religiosas. Es uno con la humanidad, está enraizado con ella. Es un átomo de conciencia en el vasto océano de la inteligencia, de donde nacen las irradiaciones de luz que se transforman en toda una grandiosa cohorte de estrellas, cuando las olas de este océano vienen a romper en las playas de nuestro mundo de espacio y tiempo. ¿Cómo podría estar el destino del individuo separado de la gran trama de los destinos universales? ¿Cómo podría el fugaz momento de su primer saludo al universo -su llanto al nacer- permanecer aislado de los ciclos universales que, sin tregua, se suceden en el tiempo? Al igual que cada fuerza y cada masa se interrelacionan con las otras fuerzas y las otras masas, así también la individualidad de un hombre se interrelaciona con las demás unidades individuales de conciencia. No puede haber separación, ni siquiera donde haya aislamiento temporal.

Quizá contemplamos las formas coloreadas del tapiz del ser y admiramos los diminutos hilos rizados que componen estas formas, pero no somos capaces de ver que estos hilos son unidades concretas entretejidas, enlazadas en la trama del universo.

El astrólogo de mente filosófica ha reconocido siempre estas verdades y muchos han buscado la manera de descubrir métodos para concretarlas en la práctica astrológica. En la actualidad se presta bastante atención a la comparación de cartas pertenecientes a personas de la misma familia o que pretenden unir sus vidas con fines privados o públicos. Se estudia la «herencia astrológica» para intentar demostrar cómo las cartas natales de hijos, padres y antecesores más lejanos presentan unos patrones similares, y el campo que se ha abierto con tales estudios es amplio y está aún casi sin explorar. Quizá sea posible de esta forma aislar ciertos factores que sirvan para definir las características típicas de una familia; especialmente en familias que presentan una constante histórica de marcada individualidad a través de varias generaciones de personalidades importantes. El estudio de familias reales o aristocráticas, en las que ciertos rasgos culturales se conservan durante un tiempo (por ejemplo, la familia Bach), revelaría, sin duda, un gran número de factores importantes. Nos preguntamos si los astrólogos chinos habrán realizado un estudio de este tipo con la familia de Confucio, descendientes por línea directa de aquél que aún permanece vivo tras más de setenta generaciones.

Otro campo de estudio abarca las correlaciones entre las cartas natales de personas que han sido socios o compañeros, o que se han sucedido el uno al otro en alguna empresa pública de gran envergadura. Se han analizado las cartas de aquellos que firmaron la Declaración de Independencia y de los presidentes americanos, obteniéndose algunos datos interesantes. Al estudiante de astrología le resulta más familiar y más práctica la comparación de cartas entre personas que van a contraer matrimonio o que van a asociarse de cara a negocios comunes. Todo astrólogo ha tenido que responder alguna vez a la pregunta de algún amigo o cliente sobre si tal y cuál persona harían una «buena pareja». Para ello no sólo se deben analizar ciertos elementos de la carta natal, sino también contar con la valiosa ayuda de una carta horaria y, a ser posible, de un estudio del patrón celeste para el día del primer encuentro o del primer contacto personal significativo.

Los factores a considerar ante el planteamiento de un matrimonio o una sociedad pueden reunirse en una pregunta al consultante: ¿Cuál es el propósito de su relación? Algunas veces es dificil contestar a esta pregunta, especialmente cuando se trata de amor y matrimonio. Pero la respuesta puede ser muy reveladora, si es sincera, ya que siempre es un factor necesario para el juicio astrológico.

Si el propósito del consultante fuera simplemente «ser feliz», se podría tomar a ciertas interrelaciones entre las dos cartas como índice de que el propósito puede lograrse fácilmente, siempre que las cartas natales de ambos, las progresiones, los tránsitos y las indicaciones horarias coincidan a su vez sobre este punto. Pero también puede que el consultante busque una unión de carácter más excitante, creativo o regenerativo. Quizás el mismo consultante lo establezca así; o quizá sea el astrólogo quien perciba que, bajo unas afirmaciones o metas más convencionales, hay un propósito más profundo. En este caso se debe buscar otra clase de relación astrológica entre las dos cartas, una relación que no excluya el conflicto, la crisis o la oposición entre puntos de vista complementarios. Una relación personal fácil y tranquila puede ser sinónimo de adormecimiento espiritual, y si el individuo busca una más plena realización como alma y mente creativa, ¿no debería advertírsele de los posibles resultados deuna relación en que aparecen ciertos elementos contrarios a su propósito, aunque favorecerían una unión de tipo más banal?

Con esto queremos indicar que la astrología debe siempre incluir el factor del propósito individual, así como la función dentro del conjunto total. Una carta natal es en esencia una «declaración de propósito», el propósito de Dios, podríamos decir, al crear las condiciones del nacimiento y al alma que va a encontrarse con ellas. También es la declaración de cuál debería ser la meta del individuo en la vida de acuerdo con la Idea creativa de la Mente universal. En el caso de la carta horaria, ésta es una declaración de la solución, expresada simbólicamente, que la inteligencia universal da como respuesta a la necesidad vital de un individuo, siempre en términos de su propósito esencial.

Cuando el astrólogo va a aconsejar a su cliente sobre una asociación de cualquier clase, basándose en una comparación de  cartas natales, debe analizar en primer lugar cuál es el propósito del destino individual del cliente, o sea, su carta natal. Debería, además, averiguar hasta qué punto el cliente comprende su propósito básico, y cuáles son sus pretensiones conscientes en el caso particular de que se trate. Aconsejar astrológicamente, no significa mirar una o dos cartas y transmitir lo que uno ve, así sin más. Significa ayudar al cliente a comprender cómo puede alcanzar el verdadero propósito de su destino. Y la forma de hacerlo no es siempre a través de la felicidad convencional.

domingo, 21 de abril de 2013

Los Aspectos Planetarios como Fases de una Relación


Fragmento del libro "La Práctica de la Astrología", de Dane Rudhyar 

Para la mayoría de las personas resulta bastante difícil pensar en términos de «tiempo que avanza» y «conexión entre varias cosas». Después de muchos siglos de civilización en que se ha propugnado una aproximación intelectual a la vida, nos hemos acostumbrado a pensar en entidades separadas y permanentes, emplazadas en lugares distintos y muy definidos en un espacio estático. Estas entidades podrían cambiar de apariencia, pero en el pasado les hemos atribuido una integridad abstracta, una identidad inalterable. Ya fuesen jóvenes, maduras o seniles, ya se encontrasen en relativa soledad o implicados en profundas relaciones con otras entidades, se les ha dado un nombre preciso y hemos creído que siempre serán lo mismo.

Esta forma «clásica» de comprensión mental de la vida y de los hombres ha ido cambiando gradualmente en el presente siglo. Y la presión de dicho cambio está obligando a los astrólogos a reorientar y reinterpretar sus propias ideas esenciales y sus símbolos. Los libros de astrología suelen hablar generalmente de Júpiter y de Saturno -y de todos los demás elementos- como si fueran unas entidades determinadas que significan siempre lo mismo sin importar el contexto en que se encuentran. Es común en la enseñanza de la astrología considerar que las cuadraturas, los trígonos, las oposiciones, etc., tienen un significado general inmutable. De hecho, también los planetas y los aspectos han estado divididos durante siglos en dos categorías: los «buenos» y los «malos», los benéficos y los maléficos.

Obviamente, así se simplifican mucho las cosas. Se presenta frente a nosotros un claro panorama, un universo en blanco y negro, donde el bien y el mal luchan sin cesar para controlar las entidades separadas, que, individualmente, se salvan o se pierden, son glorificadas o destruidas. El pensamiento contemporáneo supone un desafio frente a esta filosofía de la vida «a la antigua» y a su individualismo atomista. Ahora se ve al universo como un conjunto cuyas partes están conectadas entre sí y dependen unas de otras, un organismo de alcance cósmico. Y la realidad fundamental de este universo no es la entidad separada que va hacia su propia salvación o condenación, sino la relación entre todas las partes que componen el conjunto cósmico.

En términos astrológicos esto significa que la interrelación de todos los cuerpos celestes dentro del sistema solar (y en todo el espacio en general) es lo que cuenta verdaderamente, y que cualquiera de esos cuerpos puede tener, bajo especiales condiciones de relación, prácticamente cualquier significado, incluso el totalmente opuesto al aceptado tradicionalmente. De igual forma, el individuo humano más elevado puede, bajo la presión de una serie de relaciones especiales, llegar a ser muy destructivo en sus acciones. Esto se define diciendo que todo tiende a convertirse en su opuesto. Afirmación que resulta demasiado simplista, ya que una «entidad» no se convierte en lo opuesto de lo que es, sino que una «relación» puede invertir su polaridad, por ejemplo, el amor se convierte en odio, la pasión sensual se torna devoción mística, etc.

Es sobre la base de tal comprensión de la vida y de la interrelación universal donde la nueva astrología formula de nuevo el concepto de los aspectos planetarios. No considera a la ya mencionada cuadratura de Júpiter y Saturno como «algo en sí misma», sino, más bien, como una fase de la relación cíclica de  Júpiter y Saturno. El hecho de que ambos planetas estén a 90 grados de distancia el uno del otro no dice lo suficiente como para considerarlo significativo. Lo que sí es significativo es que un ciclo especifico de la relación entre Júpiter y Saturno ha llegado a una fase especifica de su desarrollo.

En mi obra "El Ciclo de las Lunaciones" expongo que una «cuadratura creciente» y una «cuadratura decreciente» tienen distintos significados; esto es, si Júpiter (el planeta más rápido) está a 10° Leo y Saturno a 10° Escorpio la cuadratura que forman es una cuadratura decreciente (similar a la cuadratura del «último cuarto» o cuarto menguante del ciclo entre la Luna y el Sol, el ciclo de las lunaciones); pero si el planeta más lento, Saturno, se encuentra a 10° Leo y Júpiter está a 10° Escorpio, entonces su cuadratura es creciente (del primer cuarto). En otras palabras, el ciclo de relación entre Júpiter y Saturno comienza con su conjunción y termina en su oposición. Cualquier fase de este ciclo, esto es, cualquier aspecto formado por Júpiter y Saturno durante el período que va de una conjunción a otra, debe considerarse dentro del marco de referencia del ciclo completo.

Posteriormente, en un estudio más amplio, deberían considerarse también dentro del marco de referencia general del vasto ciclo de interrelaciones planetarias donde se incluyen todos los componentes del sistema solar.

Es evidente que esto proporciona a la teoría astrológica un carácter más complejo que el que aparece en la mayoría de los libros de texto. Al igual que la física de Einstein, es mucho más compleja que la de Newton. Si deseamos tratar de los sucesos físicos obvios para nuestros sentidos, las leyes de Newton funcionan satisfactoriamente; y la astrología clásica, que trabajaba con unos significados definidos para cada posición y aspecto planetario, también funcionaba bien en relación con el tipo de sociedad en que vivían las personas del siglo XVII.

Pero hoy nos enfrentamos con un mundo diferente, un mundo de energía atómica y de vastas metrópolis, de carteles y comercio, con relaciones sociales y personales tan complejas y fluidas que gran número de individuos se ven atrapados en dificultades sociales y en condicionamientos psicológicos ante los cuales las viejas técnicas nada pueden hacer. Para esta clase de mundo es para lo que necesitamos a la astrología, tal como los físicos necesitaron una nueva álgebra y una nueva física para controlar las transformaciones y las desintegraciones atómicas, incluso a pesar de que los conceptos clásicos de física y astrología siguen siendo de mucha utilidad en lo que respecta a situaciones y problemas típicos.

Aspectos “buenos” y “malos”

Entre los conceptos tradicionales de esta astrología que necesita una revisión y una nueva interpretación está la idea típica de que aspectos tales como las cuadraturas y las oposiciones son «malos», mientras que los trígonos y los sextiles son «buenos».

Tal creencia no tiene sentido alguno en la clase de astrología que consideramos en este libro, ya que las cuadraturas son fases tan normales y necesarias en la relación cíclica entre dos planetas en movimiento, como lo puedan ser los trígonos o los sextiles. Lo malo, tal como lo entiende la persona media, deja de serlo cuando se puede demostrar que es tan normal y tan necesario como lo bueno.

Decimos que la enfermedad, el cáncer, son malos, y la afirmación es válida porque el cáncer no es normal ni necesario. Pero si decimos que la descomposición de la comida en sustancias químicas es un proceso maligno porque convierte a la zanahoria o al hígado de ternera en una pulpa amorfa; o si decimos que el reemplazo de células muertas por otras vivas, que se realiza en nuestro cuerpo, es «malo», tales afirmaciones no tienen validez alguna. Cada fase de la vida orgánica normal, cada función y cada proceso que sea parte integrante de una vida natural y saludable, tanto fisiológica como psicológicamente, debe ser bien recibido. No es ni bueno ni malo. Simplemente es un componente necesario de las actividades de la vida o de la personalidad. En cada organismo existe un equilibrio entre los procesos anabólicos (de formación) y catabólicos (de destrucción), pero llamar buenos a los primeros y malos a los segundos no tiene sentido. El desarrollo exagerado de cualquiera de los dos resulta perjudicial para la vida orgánica normal, para la salud del cuerpo y del alma.

Es cierto que el aumento progresivo de las actividades catabólicas con la edad conduce eventualmente a la muerte, pero decir que la muerte natural es mala carece de validez. Desde el punto de vista de la humanidad en conjunto, la muerte de seres humanos es una condición necesaria para el crecimiento evolutivo, teniendo en cuenta el nivel psicomental de la actual conciencia humana media. El carácter de un individuo y los límites de su posible desarrollo suelen estar bien precisados entre los veinte y los treinta años. Si se mantuvieran fijos durante siglos podría llegar a ser incluso una tragedia para la humanidad.

El proceso de la muerte representa para la humanidad lo que los procesos catabólicos de limpieza periódica de células muertas significa para un organismo sano. Se ha dicho que todas las células de nuestro cuerpo se renuevan completamente cada siete años. De forma parecida, toda una generación de seres humanos dura teóricamente un período de unos setenta años. El reemplazo catabólico de una generación por otra no es ni bueno ni malo; es la ley del desarrollo y crecimiento de la colectividad humana. Y si pensamos en términos de un individualismo de tipo espiritual, la entrada en el cuerpo y la posterior salida (nacimiento y muerte) son simples fases normales y necesarias del desarrollo cíclico del espíritu reencarnado.

Las calificaciones como bueno o malo no tienen sentido alguno cuando se aplican a cualquier fase de un proceso cíclico; y, desde un punto de vista trascendente y universal, cualquier acontecimiento puede verse como una fase necesaria dentro de un proceso más amplio. Una pulmonía puede señalarse como maligna porque no constituye una fase normal de nuestra vida corporal, las guerras y las purgas políticas son malas porque no son fases normales de la vida social de una comunidad particular.

No obstante, considerados dentro del marco del progreso espiritual de un alma (encarnación tras encarnación) o de la humanidad en conjunto, estos sucesos destructivos pueden aparecer
tan necesarios y beneficiosos como la forzada expulsión de las sustancias que no pueden ser asimiladas por el cuerpo.

Es tan sólo cuando aislamos el suceso personal o social de la historia completa del individuo o de la nación, y las cuadraturas, semicuadraturas y oposiciones del ciclo de relación planetaria, que estos sucesos y aspectos, considerados en sí mismos, parecen malignos y desafortunados.

Tal proceder destruye la integridad y el sentido del proceso vital. La vida y la personalidad se caracterizan por su capacidad de constante ajuste a las nuevas necesidades internas y situaciones externas. Decir que la cuadratura y la oposición son malos aspectos es negar esta posibilidad de reajuste, porque el reajuste necesita de la acción rápida cuando se enfrenta con una cuadratura que supone una situación o posibilidad nueva, y momentos de pausa (oposición) en que la conciencia es capaz de evaluar, objetiva y desapasionadamente, el propósito y el sentido de la acción. Durante las fases de la relación representadas por las cuadraturas puede haber mucho roce en las maniobras y entre los dos polos de la relación puede generarse demasiada precipitación o miedo; pero exponer la posibilidad de tales resultados negativos no es describir el sentido esencial de la cuadratura, es mostrar cómo un espíritu individual sin experiencia o un grupo social inmaduro pueden malinterpretar y desaprovechar la oportunidad especial de crecimiento que representa la cuadratura.

La imparcialidad me obliga a admitir que, siendo la mayoría de los individuos y de las naciones los torpes artífices de su propio destino, la cuadratura tiene, casi siempre, resultados negativos. Pero ¿se puede desechar la mecánica de un automóvil de la marca Chrysler simplemente porque un mal conductor haga chirriar toda la maquinaria a cada cambio de marchas? ¿Acaso se puede decir que está mal parar para consultar la dirección en un mapa, sólo porque algún conductor distraido se haya parado a mirar el mapa en mitad de una curva y haya provocado un accidente?

De todo lo anterior se deduce que cualquier aspecto planetario puede tomarse de dos formas. Desde el punto de vista del tiempo, es una fase del ciclo de relación entre dos planetas en movimiento, y para captar todo su sentido hay que tenerlo en cuenta en relación con el ciclo completo y, particularmente, con el comienzo del ciclo, la conjunción de los dos planetas. Es por esto que los astrólogos a menudo han dado mucha importancia al emplazamiento zodiacal de la Luna Nueva anterior al nacimiento; remitiendo la relación entre el Sol y la Luna en el momento del nacimiento (su aspecto), al comienzo del ciclo de lunación de que forma parte.

Desde el punto de vista del espacio, un aspecto entre dos planetas es tan sólo un ángulo del patrón planetario que aparece en el cielo en el nacimiento. Al igual que la forma de una nariz adquiere sentido estético según su contribución al carácter particular de una cara hermosa, aún cuando, como nariz, tiene por sí misma un sentido propio; asimismo, el aspecto no puede comprenderse ni interpretarse correctamente a menos que se tome como una parte del cuadro que representa la carta.

En el primer caso, la distinción entre aspectos buenos y malos no tiene sentido, porque ambos son fases necesarias y normales del proceso de vida y crecimiento, fases que, gradual y periódicamente, se suceden unas a otras. En el segundo, se puede establecer una analogía con los espacios blancos y negros de una fotografía, con las luces y las sombras de una obra de Rembrandt. ¿Tendría sentido decir que los espacios negros son malos y los blancos son buenos? La forma es el resultado de la juxtaposición e interacción de ambos. Y sin forma no puede haber una relación ni un sentido.


viernes, 29 de marzo de 2013

¿Cuál es el tema principal de la Astrología?


Fragmento del libro "La Práctica de la Astrología", de Dane Rudhyar.


El tema principal de la Astrología es la persona humana individual, considerada como un organismo íntegro que incluye actividades físicas, psíquicas, mentales, sociales y espirituales, de muchas clases y a varios niveles.

Los términos cuerpo, mente, sentimientos, alma, definen muy superficialmente estos diversos tipos o categorías. Todas estas actividades son actividades «humanas» porque a pesar de que algunas puedan parecer muy similares a las que aparecen en los otros reinos de la vida (animal, vegetal, etc.) están sin embargo subordinadas a un patrón y a un propósito característicos del reino humano y son exclusivas de éste. Puede que el hombre digiera sus alimentos como otros mamíferos, pero, al ser consciente de su proceso digestivo y poder intervenir en él –para bien o para mal- la digestión en los hombres es «humana».

El campo de la interpretación astrológica se extiende a cualquier grupo de personas humanas, relativamente permanente, o a cualquier situación dentro del flujo de la experiencia humana.

Grupos o series de fenómenos naturales -como por ejemplo los relativos al clima- también pueden analizarse y su desarrollo se puede interpretar por medio de cartas astrológicas, pero esencialmente, sólo en la medida en que son parte de la experiencia colectiva de los seres humanos.

El propósito básico de la astrología es brindar un poco de orden al aparente caos de la experiencia humana. Y así ayudar al individuo o al grupo a conseguir un mayor grado de integración, salud y juicio. Constituir un acercamiento más consciente a la vida humana y una comprensión más profunda de las características estructurales y del comportamiento cíclico de todos los organismos. Es grande su importancia ya que el hombre tiene el privilegio y la obligación espiritual de hallar el «Camino de la Consciencia».

Sin embargo, la astrología no ofrece ningún atajo, por ser la integración de cualquier conjunto orgánico un proceso gradual que depende, por una parte, de la intensidad del sentimiento de «orden» y de la realización del «centro» en las diferentes partes del conjunto y, por la otra, de la apropiada disposición del Principio espiritual, conectado con este organismo en evolución, para animar e iluminar los esfuerzos de éste hacia una completa y armónica organización.

Además, cada factor de la carta astrológica puede contribuir a la integración o a la desintegración personal.

La carta natal presenta de una forma especial los datos informativos que los psicólogos y los médicos usan en sus terapias. El carácter de esta presentación, sin embargo, arroja una luz nueva sobre las partes componentes, funciones, estímulos y potenciales de la persona individual. Mediante el uso de esta nueva luz, una persona que comprende bien su valor y la forma de manejarla, puede ser más objetivo respecto a sí mismo. Puede plantear gráficamente el curso de su desarrollo orgánico, elaborar la curva de sus poderes vivificantes, y verse a si mismo reducido a la esencia. Bajo la confusión de su experiencia diaria, llega a entrever un patrón de orden. Todas sus tendencias conflictivas se revelan como componentes complementarios de su personalidad integral. Se ve a sí mismo completo, en estructura y función.

Lo que ve, sin embargo, no es una imagen o retrato gráfico. Es tan sólo un símbolo. La carta natal es sólo un símbolo: el «nombre» de la persona. Pero si aprende a deletrear este «nombre», el individuo puede descubrir -si es sabio- cómo esforzarse, a su manera, hacia una integración real y demostrada día tras día. El astrólogo-psicólogo sólo puede señalarle el camino. Sólo el individuo puede pronunciar el «nombre», símbolo de la conciencia íntegra de uno mismo. Lo pronuncia viviendo plenamente lo que él es, dentro del amplio marco de la sociedad y la humanidad.

El pronóstico viene como consecuencia de un desarrollo ordenado. Si en el universo existe un orden, entonces se puede predecir cuál va a ser la fase que seguirá a la presente. Si la predicción fuera una ilusión no habría ciencia, ni generalización, ni ley. Al ser la astrología una ciencia, debe, por tanto, incluir la predicción.

La astronomía es un sistema para predecir los fenómenos celestes. La astrología, sin embargo, no trata sobre la determinación de los fenómenos celestes, sino sobre su interpretación en términos de carácter y conducta humanas. Cuando a un planeta se le da un determinado significado en astrología, este significado está condicionado por los aspectos astronómicos en el sistema solar y por lo que representa en relación a la persona humana (o a la situación que afecta al individuo). Cualquier significado planetario presupone la existencia de personas completas como marco de referencia para tal significado. La astrología trata de la totalidad de la naturaleza humana, según se expresa en un individuo.

Ningún significado o juicio astrológico se expresa plenamente si no tiene en consideración al ser humano completo. Decir que dos planetas estarán en conjunción en un determinado momento, es astronomía. Añadir que la vida de un hombre, nacido en un determinado momento y lugar, experimentará una crisis en una fecha que puede averiguarse, es una afirmación astrológica. En esta afirmación el punto de partida es «la vida de un hombre». Cualquier predicción que no tome a esta entidad, «la vida de un hombre», como base o marco de referencia es, como mínimo, incompleta. En la mayoría de los casos es desorientadora, en algunos, realmente destructiva. Sólo tiene valor en relación al individuo completo y a lo que contribuye al desarrollo de esta persona, a un nivel u otro.

La astrología no predice «sucesos» sino sólo fases en el desarrollo de una persona. Cada individuo se desarrolla en unas líneas que en primer lugar son «genéricas», esto es, que son el resultado del simple hecho de que es un ser humano, miembro de este género, homo sapiens, en una época concreta de la evolución de la humanidad. Estas líneas de desarrollo determinan el patrón general del área de vida de cada hombre. Asimismo cada hombre posee unas características bio-psicológicas que determinan su estructura genérica. A este respecto la naturaleza humana, las razas y los individuos producen muchas clases de variaciones. Un hombre es en primer lugar humano, luego blanco, luego americano, californiano, de ascendencia anglofrancesa, metodista, demócrata, etc.; finalmente es un individuo nacido a una determinada hora en lugar específico.

El libre albedrío es la medida de la capacidad del hombre de ser y actuar como un individuo. El destino es la medida de su dependencia de las normas colectivas y genéricas como estructuras determinantes.

La astrología trata en primer término de la naturaleza humana en un sentido genérico. Es por esto que, al ser el cliente un ser humano, experimentará de una forma más o menos aproximada el orden conocido de fases del desarrollo humano, y esto le da al astrólogo una base para la predicción. Pero ningún astrólogo deberla quedarse aquí. Debería llegar a definir y comprender la «ecuación individual» de su cliente; la forma en la que el cliente reacciona o puede esperarse que reaccione como individuo ante los básicos puntos clave de su vida.

Esto sólo puede hacerse considerando la carta natal y su desarrollo en el tiempo como un conjunto. El individuo es el hombre completo, la persona integral. Y nadie puede determinar por adelantado las acciones y reacciones de una persona integral que ha llegado a individualizarse verdaderamente, ya que dicha persona ha llegado a ser libre, dentro de los límites de sus estructuras genéricas.

La astrología puede definir los límites, pero sólo puede sugerir la libertad. Cada momento de la vida de un individuo es una mezcla de ambos factores.